sábado, 22 de enero de 2022

EL VIAJE INICIÁTICO (relato)

Maestro, me presento ante vos, con humildad y obediencia, una vez finalizado mi viaje, y ahora, pasados tantos años, creo tener la certeza de poder responder las preguntas que me formulasteis antes de partir.

Me alegro de verte hijo mío y ahora que te presentas ante mí, ¿qué respuestas traes? ¿Contestarás ahora, una a una, mis preguntas?

Sí, maestro.

Hijo, ¿a qué sabe una mandarina? 

En culturas como la asiática el árbol de la mandarina se relaciona con la prosperidad, la suerte y la fortuna, de su fruto deriva en un sabor especial: la felicidad. Al ser la primera pregunta y el inicio de una búsqueda, debemos entender la felicidad como nuestro objetivo para cualquier viaje vital, pero no al final del recorrido, ya que siendo la mandarina circular, signo de un camino tenaz y redundante, deberíamos escudriñar la felicidad en el propio tránsito por la senda, disfrutando así de nuestra existencia mientras la vivimos.

Aciertas en tu primera respuesta, ahora respóndeme, ¿A qué sabe una taza de chocolate caliente en invierno?

Son muchos y conocidos los beneficios del cacao, pero el chocolate caliente y más en invierno es calor, como la hoguera que antiguamente calentaba y protegía a nuestros ancestros y de hoguera declinamos la palabra hogar. La sensación de calor nos recuerda a la familia, que debe ser sustento de cualquier vida; el pilar sobre el que formarnos como personas y con el que dejaremos para el futuro, a través de nuestros hijos, un verdadero legado. La taza de chocolate caliente maestro sabe a familia.

Y entonces, ¿A qué sabe un cuchillo de acero inoxidable?

Esta pregunta es fácil maestro, el sabor del cuchillo es amargo y frío, con esta pregunta quería que entendiera que la vida es dura y a veces áspera: no todo es agradable; que junto a las alegrías que podamos vivir compartiremos el camino con episodios duros. Por tanto el cuchillo es lo contrario al sabor de la felicidad, pero debemos sentirlo e interiorizarlo para valorar su opuesto. El cuchillo sabe a tristeza.

Has meditado correctamente las tres primeras preguntas, pero ahora, ¿qué me dices de cómo suena una barra de pan?

Responder esta pregunta me llevo mucho tiempo maestro. Al principio lo visualicé como una metáfora, como en la cultura cristiana, donde  el pan une en la mesa a los apóstoles alrededor del cuerpo de su dios y así pensé en la fe, en lo trascendente, como camino, pero la realidad es que existen ascetas y ateos que encuentran la felicidad completa, por lo que medité en el pan como algo elemental, como  nexo de lo básico, el alimento primario que llevado a una búsqueda iniciática representaría la importancia de los valores más sencillos de la vida, disfrutar de los pequeño, lo simple y lo básico. El pan suena a firmeza en los fundamentos humanos, a la esencia de lo importante, así debería ser el ritmo del pan: el que marque la toma de decisiones en nuestro transito vital: el sonido del sentido común.

Ya te encuentras más cerca del final y pese a que te costara la anterior pregunta considero la siguiente más compleja, dime entonces hijo, ¿a qué huele el otoño?

Maestro, al acabar el otoño llega el invierno, que significa el final de un ciclo: la muerte. El otoño es el ocaso, es madurez, es el comienzo del final del trayecto, pero dentro de un ciclo ininterrumpido, en el que todos volvemos a empezar; así en la parte de nuestro camino que supone el otoño, deberíamos haber cultivado nuestra mente, para antes de llegar al ocaso de la vida sentirnos plenos y, al igual que las hojas caen al suelo de los árboles, nuestra mente debería desprenderse de lo superfluo y banal asimilando conocimientos enriquecedores, ya sea a través de los libros estudiados o las experiencias acumuladas durante nuestra vida. El otoño huele a sabiduría.

Y bien discípulo, entendiendo lo que supone el otoño en nuestra vida, contéstame,  ¿qué hora del día de tu vida crees que es?

No se responder a esta pregunta maestro, ya que no puedo conocer mi destino sobre todo si asumo que la vida es cíclica, en todo caso debería ser lo suficientemente inteligente para no preocuparme por esta respuesta, porque nunca podré contestarla, desconozco mi destino más próximo, no sé si mañana será el último día de mi vida, si moriré en la próxima hora, no disfrutaría con todos mis sentidos si estuviera preocupado en cuanto tiempo de mi día me queda por vivir, por tanto maestro no tengo los conocimientos para responder o al menos prefiero considerar esta pregunta como intrascendente, tal vez sea aventurarme y prepotente por mi parte, si lo deseas puedes ayudarme maestro.

Muy bien hijo, tu búsqueda ha llegado a su fin y tu humildad y esfuerzo merece como regalo darte la respuesta a la sexta pregunta, ¿Quieres conocerla?

Sí, maestro.

Siempre la más importante: la primera del resto de tu día.

Gracias Maestro.

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